lunes, 10 de noviembre de 2014

SUCEDIÓ EN VERANO. A TEÓFILO GALENDE FINCIAS, IN MEMORIAM.

SUCEDIÓ EN VERANO.

A TEÓFILO GALENDE FINCIAS,

IN MEMORIAM. 


 
 
Florencio Maíllo, julio, 2014.




Se cumple un año desde que recibí el galardón de Serrano del Año, y con ese motivo deseo reiterar mi infinito agradecimiento por tan generoso e inmerecido reconocimiento, y aprovecho, así mismo, la ocasión para mirar hacia atrás y descubrir el origen de la pasión que siento por la Sierra de Francia. Creo que, en todos nosotros, existe un momento, un hecho o acción, una determinada experiencia o aprendizaje que nos marca para siempre en nuestra forma de ser en la vida. Intentaré transmitirles una de esas vivencias personales que marcó mi percepción de nuestra Comarca.
 
 
 El periódico de la Sierra, agosto de 2014.



Jamás olvidaré el verano de 1977, una mañana de agosto de ese año Teófilo Galende Fincias (Tábara, Zamora, 1930 – Salamanca, 2003), artista de la congregación de los agustinos y restaurador con estudio en la Torre de la Botica del Real Monasterio del Escorial, recaló en Mogarraz para pintar en sus cuadros las calles de nuestra localidad. Teófilo encontró hospedaje y su casa junto a nuestra familia, y, como uno más, cada agosto regresaba a su cita estival.



Teófilo Galende Fincias



Desde comienzos de los años setenta mi madre, Francisca Cascón Herrera (1925-2014, Mogarraz), había puesto en marcha, precariamente, una incipiente hospedería que poco después se convertiría en el Restaurante Mirasierra. Todos los veranos, además de Teófilo, se quedaban en nuestra casa varios artistas que periódicamente, aprovechando el magnífico tiempo veraniego de la Sierra de Francia, inmortalizaban en sus cuadros nuestras pintorescas calles y personajes.

En 1977 pinté mi primer cuadro del natural, La Fuente de Arriba; el lienzo y las pinturas me las dejó Teófilo y lo realicé junto a él. Sin duda, fue el mejor Maestro que cualquiera desearía para uno mismo, su conocimiento sobre las técnicas pictóricas era inagotable, y su actitud siempre positiva e impregnada de una infinita bondad.
 
 
Uno de los últimos cuadros de Teófilo.
 

En ese verano y los sucesivos recorrí junto a mi Maestro toda la Sierra de Francia, para pintarla. Teófilo tenía un Renault 4L, blanco. Su vehículo era un auténtico taller de pintura ambulante repleto de lienzos de diferentes tamaños, dos caballetes y sillas plegables, cajas de pinturas, bolsas de trapos, frascos de esencia de trementina y aceite de linaza, pinceles de todos los tamaños, y fruta, con él jamás faltaba la fruta, para pintarla en bodegones, o para pintarla y comerla, o simplemente para degustar sus sabores.

A Teófilo le cautivaba Mogarraz, pintábamos una y otra vez La Fuente Arriba, El Banco, La casa de Mané, El Barrio Hondo..., y siempre era diferente. Cada mañana, con el amanecer, fijábamos en nuestros cuadros la primera luz del día. Con la luz mágica de la mañana los colores brotaban de las fachadas, resucitando, como si de la primera vez se tratara. La vibrante emoción del primer descubrimiento siempre estaba presente junto a él.


Mogarraz en la marca España.
 

Pero de lo mucho que me enseñó Teófilo, fue “su mirada” sobre el lugar, lo que transformó definitivamente mi percepción de la Sierra de Francia. Junto a él la recorrí conociéndola y disfrutándola, apreciando en cada rincón su luz, las particularidades de sus colores, las auténticas texturas naturales de cada lugar, y ello, en todas y cada una de las localidades con sus calles y gentes, deteniéndonos en sus entornos para analizar y captar la gran diversidad de sus paisajes. En multitud de ocasiones nos deteníamos en sus interiores y elementos etnográficos, pintando entre otros el desván de Teresa una y otra vez, casi compulsivamente, naturalezas muertas con enseres que apuntaban a otras épocas, como si la fugacidad del tiempo nos estuviese pisando los talones.

Él, mi Maestro, Teófilo, me hizo comprender que el verdadero tesoro de Mogarraz residía, no en sus atractivas particularidades, que las tenía, sino en el valor cultural de la Comarca en su conjunto, de todos sus pueblos y paisajes, de la rica herencia del patrimonio cultural conservado casi milagrosamente. Y sucede que, como él muchas veces decía, la riqueza en la diversidad hace más inagotables los muchos atractivos para disfrutar una y otra vez, siempre, la Sierra de Francia. Conservémosla.
 

Fotografías de Andrés Barés, de la Sierra de Francia.
 
 
Peña de Francia.

Peña de Francia.
 
 
Panorámica de Mogarraz desde Monforte de la Sierra
 
Mogarraz.

 

 

 

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